Los inicios de la década del 90 fue la etapa más violenta que vivió el Perú en materia de seguridad ciudadana, el terrorismo, con sus tácticas de lucha pusieron en vilo a la población limeña y de todo el Perú, la insatisfacción de caminar tranquilamente por las calles, el peligro no eran los delincuentes comunes, ni los pandilleros, asaltantes o robabancos, sino un atentado terrorista, un apagón provocado por el derrumbamiento de una torre de alta tensión eléctrica, la explosión de una comisaria o una iglesia o un banco cercano a una calle donde circulan las personas. Ahora a la luz del cierre de esta década, la violencia e inseguridad se ve ya no con atentados terroristas, sino con atentados delincuenciales, a toda hora, en cada calle, desde los barrios más mentados como el Callao o la Victoria hasta los más ordenados y “seguros” de Lima y provincias, las modalidades de robo, asalto a mano armada, los secuestros al paso, las extorsiones, las agrupaciones o bandas delincuenciales, marcas, las pandillas, más la terrible corrupción política, está convirtiendo al Perú en una de las zonas más peligrosas de la Región de América Latina. Siendo nuestros jóvenes muchas veces de los colegios de donde sale esta gente. Siendo este problema social un reto, que es de interés en primer lugar de los siguientes gobiernos regionales y nacionales, de la escuela como formadores y forjadores de hombres de bien y del hogar.
La región más violenta del mundo
La combinación del aumento de expectativas y la disminución de las oportunidades para los sectores de menor educación es un cóctel explosivo, y lo será cada vez más. Está llevando a que progresivamente más jóvenes marginados estén saltando los muros de sus ciudades ocultas, armados y desinhibidos por la droga, para adentrarse en zonas comerciales y residenciales y asaltar y secuestrar a cualquiera que parezca bien vestido, o lleve algún objeto brillante. Y a medida que avanza este ejército de marginales, las clases productivas se repliegan cada vez más en sus fortalezas amuralladas. Los nuevos edificios de lujo de cualquier ciudad latinoamericana ya no solo vienen con su cabina blindada de seguridad en la entrada, con guardias equipados con armas de guerra, sino que tienen su gimnasio, cancha de tenis, piscina y restaurante dentro del mismo complejo, para que nadie esté expuesto a salir al exterior. Tal como ocurría en la Edad Media , los ejecutivos latinoamericanos viven en castillos fortificados, cuyos puentes-debidamente custodiados por guardias privados- se bajan a la hora de salir a trabajar por la mañana, y se levantan de noche, para no dejar pasar al enemigo. Hoy, más que nunca la pobreza, la marginidad y la delincuencia está erosionando la calidad de vida de todos los latinoamericanos , incluyendo a los más adinerados.
En estos momentos a hay 2,5 millones de guardias privados en todo América Latina. Tan sólo en Sau Paulo, Brasil, hay 400 mil guardias privados, tres veces más que los miembros de la policía estatal, según el periódico la Gazeta Mercantil. En Río de Janeiro, la guerra es total: los delincuentes matan a unos 133 policías por año – un promedio de dos por semana, más que en todo el territorio de EE.UU.- y la policía responde con ejecuciones extrajudiciales, de hasta mil presuntos sospechosos por año. En Bogotá Colombia, la capital mundial de los secuestros, hay unos siete guardias privados por policía.
América Latina es actualmente la región más violenta del mundo. Ya se ha convertido en un chiste habitual en conferencias internacionales sobre la delincuencia decir que uno tiene más probabilidades de ser atacado caminando por la calle de traje y corbata en ciudad de México o Buenos Aires que haciéndolo en Bagdad disfrazado de soldado norteamericano. Según la organización Mundial de la Salud , de Ginebra, la tasa de homicidios en América latina es de 27, 7 víctimas por cada 100 mil habitantes, comparada con 22 víctimas en África, 15 en Europa del Este, y 1 en los países industrializados. Como región América latina tiene la tasa de homicidio más alta del mundo y las posibilidades de que un homicida o un ladrón vaya a la cárcel son reducidas: mientras la población carcelaria en los Estado Unidos- una de las más altas del mundo es de 686 personas por cada 100 mil habitantes, en la de Argentina es de 107 personas por cada 100 mil habitantes, en Chile de 204 en Colombia de 126, en México de 156, en Perú 104,} y en Venezuela 62. En otras palabras, la mayoría de los crímenes en América latina permanecen impunes.
.. En las villas argentinas, dentro de sus muros, a pocas cuadras de la ciudad de Buenos Aires, hay decenas de miles de jóvenes cuyo único espacio de socialización es la calle. En muchos casos, estos jóvenes excluidos, empiezan a consumir drogas a los 8 ó 10 años, y a delinquir poco después. Estamos ante un fenómeno epidémico que se repite en varias ciudades latinas y entre ellas Lima. El fenómeno es un epidemia…Todos estos chicos no van a la escuela, no conocen al padre, que no pertenecen a una iglesia ni a un club, y que viven en la cale y consumen drogas, son mano de obra para la criminalidad. Y lo serán cada vez más, por el creciente fenómeno de desfamilirización.
Y en el extremo Norte de América latina, las “maras”, o pandillas, el más novedoso fenómeno de violencia organizada en la región, están teniendo en vilo a El Salvador, Honduras, Guatemala y el sur de México, y se expanden cada vez más hacia la capital mexicana, y hacia Colombia, Brasil y otros países sudamericanos. Los mareros, jóvenes marginales que se identifican por sus tatuajes y las señas manuales con las que se comunican sus respectivas pandillas, ya suman más de 100 mil en Centroamérica , contando únicamente aquellos que se han sometido a ritos de iniciación. Y casi la mitad de ellos tiene menos de 15 años, según la policía de varios países.
Los mareros se iniciaron en los Ángeles, California, y se desparramaron por toda la región tras ser repatriados de las cárceles de EE.UU. a sus países de origen. En Honduras, una de estas bandas, detuvo a un microómnibus repleto de pasajeros que viajaban a sus pueblos para celebrar las fiestas navideñas del 2004 y mató a 28 mujeres, hombres y niños, simplemente por revancha contra una ofensiva policial contra las pandillas. Para cada vez más niños, las maras son la única posibilidad de encontrar reconocimiento social. El marero, es el héroe del barrio. Los jóvenes compiten por tener la oportunidad de someterse al rito de la iniciación- que puede variar desde vender droga hasta matar a un policía- y, si son capturados, posan triunfantes para las cámaras de televisión. La pertenencia a las maras es su mayor orgullo.
El marero es el delincuente del siglo XXI, se dedican al narcotráfico, a ser sicarios (asesinos a sueldo), al robo, al hurto, al desmembramiento de personas. En otras palabras son máquinas de matar. Pero, a diferencia de otros delincuentes, no les importa cuales son las consecuencias. A diferencia de un asaltante de Bancos, que se pone una máscara para delinquir, ellos no se esconden. Más bien, la propaganda que les dan los medios de comunicación, les sirve para ascender en la jerarquía de mando de sus grupos.
En el Salvador la mara Salvatrucha tiene más de 50 mil integrantes, que no sólo roban, asaltan y secuestran sino que está torturando y decapitando a sus víctimas como señal de su poder. Y la explosión de las maras está llevando a los gobiernos a imponer mano dura para combatirlos como sucedió en El Salvador que se captura y lleva a la cárcel a los jóvenes que tienen el tatuaje de los mareros, así tenga 15 años, es una forma de combatir esta delincuencia.
Muchas multinacionales no invierten en América latina por los altos costos de seguridad: mientras los gastos operativos en seguridad representan el 3 % de los gastos totales de las empresas en Asia, en América latina la cifra asciende a 7 % El tema de las maras es una amenaza cada vez mayor, que tiene un tremendo potencial de desestabilizar a los países. Esta situación está haciendo aumentar la emigración ilegal a los Estados Unidos, tanto de las víctimas de la delincuencia como de mareros. El presidente de Honduras Ricardo Maduro, contó que el gobierno está negociando con una pandilla, y el jefe de la pandilla dijo que necesitaba la aprobación de sus superiores para los puntos en discusión, y llamó a los Ángeles, un dato escalofriante. Sólo es cuestión de tiempo para que las maras reexporten la violencia a EE.UU Y PASEN A VENDER SUS SERVICIOS AL CRIMEN ORGANIZADO A CONVERTIRSE en carteles de la droga o bandas terroristas .
Uno de los síntomas más visibles del crecimiento de la violencia en América latina es el auge inmobiliario de Miami. En los primeros años del nuevo milenio, la ciudad de Miami recibe a muchos inmigrantes producto de la inseguridad para los familiares de los empresarios de muchas partes de América latina.
- Openheiner, Andrés. Cuentos Chinos 2001
ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN
1.- Volver a implantar el Servicio Militar Obligatorio (SMO) como se hacía antes. Esto permite tener ocupados a los jóvenes, sobretodo a aquellos que al egresar del colegio, no tienen alguna opción de trabajar o estudiar, el SMO le brinda aparte de servir a la patria, una carrera técnica para que al terminar su servicio pueda hacerlo con la visión de proyectarse hacia alguna actividad productiva o de servicio. Por las circunstancias en la que vivimos en una democracia, más bien esta alternativa parece que solo pueda ser de un gobierno militar que pudiera llegar al poder, caso el de Ollanta Humalla, o de lo contrario uno de perfil más radical pero dentro de una democracia y Estado de Derecho
2.- Aplicar la “super manodura” como se hace en Honduras, ante la difícil situación social delincuencial, la policía captura a los jóvenes que tengan apariencia delincuencial, les hace quitar el polo y si tiene algún tatuaje de pertenencia a las maras, es encarcelado. Aquí en nuestro país hay un tremendo respeto o miedo no se sabe bien al aplicar la mano dura contra la delincuencia por parte de las autoridades, ya que los delincuentes conocen muy bien por cuanto monto podrían ir a un penal.
3.- Que el gobierno brinde a los jóvenes marginados mayores oportunidades de trabajo y estudio a través de diversos programas y con ayuda de las ONGs.
4. Revisar el Código Civil sobre penalidades en diferentes formas de delincuencia, osea que existan leyes más drásticas contra estos delincuentes, para que la policía las pueda aplicar con mayor rigor.
5.- La Policía Nacional recomienda; que si alguien ha sido víctima de alguna estafa, robo a mano armada, extorsión, secuestro o cualquier otra forma denuncie el hecho a la comisaría, para que cuando se capture a un delincuente, ya tenga antecedentes registrados y hacer más fácil y efectiva la prisión.
6.- La pena de muerte para tanto asesino, descuartizador, extorsionador y violadores de menores de edad que delinquen y luego salen en dos o tres años de la cárcel para volver hacer lo mismo. El problema radica en que aplicar la pena de muerte en nuestro país no se puede dar, porque primero que vivimos en un país de Estado de Derecho y estamos ligados a la Corte Interamericana de Derechos Humanos de San José de Costa Rica, institución que vela por el respeto a los derechos humanos.
7. Consideramos también como alternativa frente a este problema que la violencia no se puede combatir con más violencia, sino más bien con medidas de formación, como por ejemplo. Desde ahora frente a este problema debemos trabajar más que nunca desde el hogar a través de los valores y reforzarlos en el colegio, ahí está el papel de la escuela. Lamentablemente ya no podemos cambiar a los jóvenes que ya son delincuentes, pero si podemos evitar que sigan formándose más delincuentes, y son justamente con los menores con los que empieza este trabajo.
8. Destinar fondos del Estado que sí los hay en medida suficiente para crear e implementar programas sobre violencia, pandillaje, drogas y todo cuanto signifique situaciones de riesgo en los adolescentes. Talleres a cargo de personal profesional capacitado y que incluya en los mismo las experiencias de personas que alguna vez pasaron por esta situación.
9. Queremos una sociedadad sin delincuentes, lamentablemente esto no se logra de un día para otro ni de un gobierno para otro, pero sí podemos iniciar una gran campaña partiendo desde nuestro hogar, el tipo de crianza que les brindemos a nuestros hijos será el mejor sustento para que en futuro cosechemos gente de buen vivir, sana y útiles a la sociedad.
9. Queremos una sociedadad sin delincuentes, lamentablemente esto no se logra de un día para otro ni de un gobierno para otro, pero sí podemos iniciar una gran campaña partiendo desde nuestro hogar, el tipo de crianza que les brindemos a nuestros hijos será el mejor sustento para que en futuro cosechemos gente de buen vivir, sana y útiles a la sociedad.